Tanto en mercados
alcistas como bajistas nos encontraremos al
triangulo simétrico y no suele provocar ningún
cambio de tendencia ya que tan sólo implica un
descanso lateral dentro de la tendencia existente.
Siendo el triangulo simétrico una figura muy común.
Sus implicaciones suelen tener una fiabilidad alta.
El triangulo simétrico se compone de una fase de
zigzag donde podemos localizar como poco dos mínimos
relativos ascendentes, puntos 2 y 4 del gráfico,
(por los que pasamos una línea de tendencia alcista)
y dos máximos relativos descendentes, puntos 1 y 3
en el gráfico, (por los que pasamos una línea de
tendencia bajista).
El triángulo simétrico idóneo es aquel que consta de
tres puntos por arriba y tres por abajo siendo el
último apoyo fallido, es decir, que no llega a tocar
la línea de tendencia. Esto es un síntoma de que la
rotura del triángulo está cercana.
Podemos establecer un momento aproximado en cuanto a
cuándo se producirá la rotura del triángulo. El
método consiste en medir la longitud del triángulo
desde su primer punto hasta el vértice (punto donde
convergen las dos líneas de tendencia trazadas). Si
calculamos cuántos tiempo dura ese triángulo por lo
general la rotura siempre tendrá lugar entre el 50%
y el 75% del tiempo total. Si la rotura es anterior
no es muy problemático. Sin embargo, si la rotura se
retrasa demasiado el precio se acercará demasiado al
vértice y entonces las implicaciones alcistas o
bajistas que tiene esta formación quedan muy
reducidas haciendo aconsejable no utilizarla en
estas ocasiones. Como se trata de una formación de
continuación de tendencia la rotura por parte del
precio debe producirse en favor de la tendencia, es
decir, si estamos en una fase alcista y aparece un
triángulo simétrico debemos esperar que rompa hacia
arriba. Si en lugar de esto lo que se produce es la
rotura de la línea de tendencia inferior debemos
ignorar cualquier objetivo y dar por fallida la
formación.
El objetivo de la formación se calcula midiendo la
altura del triángulo, es decir, la distancia entre
las dos líneas de tendencia tomada desde el punto
uno. Esta distancia se proyecta desde el punto donde
el precio perfora la formación y nos da un objetivo
mínimo de hasta dónde continuará la tendencia.
Existe otra opción para calcular el objetivo del
triángulo donde se introduce el concepto del tiempo.
Se trata de trazar una línea paralela a la directriz
alcista que une los mínimos dos y cuatro. Cuando el
precio alcanza esta línea daremos por alcanzado el
objetivo. El problema que acarrea esta manera de
calcular la proyección es que cuanto más tiempo
tarda el mercado en llegar a la línea más alto es el
objetivo ya que se trata de una línea ascendente. De
los dos métodos el primero suele ser más fiable.
El comportamiento del precio dentro del triángulo
suele identificarse por movimientos en zigzag de
tres olas. Mirar este ejemplo:
En ocasiones se puede
utilizar el triángulo para comprar y vender dentro
del mismo. En una tendencia alcista deberíamos tomar
como puntos de compra la línea de tendencia
inferior, y cerrar las posiciones en la línea de
tendencia superior. En el caso de una tendencia
bajista venderíamos en la directriz de arriba y
cerraríamos la posición en la de abajo. El hecho de
operar de modo distinto según cuál sea el tipo de
mercado en que nos encontremos responde a que
siempre hay que operar a favor de la tendencia
principal.
El comportamiento del volumen del mercado durante la
formación suele ser: descendente a lo largo del
triángulo. volumen alto en la rotura o perforación
de la directriz. si se produce un pullback el
volumen debe ser muy bajo. cuando el precio se
encamina al objetivo el volumen crece de nuevo.